viernes, 24 de abril de 2015

Receta de bizcocho ligero de mandarina y aceite de oliva


Ayer fue San Jorge, Saint Jordi en mi tierra (una de mis tierras, que soy 50% catalana y 50% castellana de Segovia) Y la ocasión pedía una mini celebración para el pequeño de la casa. Así que invitamos a los abuelos a merendar e hice una variación del bizcocho de naranja y nata.
La receta es muy sencilla y la podéis hacer en cualquier momento, aunque la mandarina sea fruta de temporada ya se pueden encontrar casi todo el año (cosas de la globalización)

Para hacerla necesitamos:
3 Mandarinas pequeñas o dos si son grandes (se usan enteras, así que mejor usar las de variedades con la piel mas fina y pegada a los gajos. No confundir con la clemencia que tiene la piel mas rugosa y separada de la pulpa)
1 Yogur natural
100gr de aceite de oliva suave
200 gr de azúcar (yo lo uso aromatizado con vainilla, que no es azúcar avainillado ojo!)
4 huevos pequeños, 3 si son grandes
250 gr de harina
un sobre de levadura química
una pizca de sal
Un poco de azúcar glasé para decorar (opcional)




Previo:
Precalentamos el horno a 180º y engrasamos un molde redondo para que se desmolde bien una vez frío el bizcocho.

Receta:
Colocamos las mandarinas limpias y cortadas en mitades en la batidora con el azúcar y las trituramos lo mas pequeño posible. (revisad bien que no tengan semillas las mandarinas que son muy amargas y pueden arruinar el bizcocho cuando ya sea tarde). Si las mandarinas tiene la piel muy gruesa, podemos echar solo la pulpa y le añadiremos un poco de la ralladura de la corteza sin llegar al blanco, para intensificar el sabor.

A continuación lo vertemos en un bol y añadimos los huevos removiendo todo el rato con ayuda de un batidor manual. Cuando la mezcla es homogénea y no tiene muchos grumos, le añadimos el yogur y el aceite, sin para de remover con el batidor.

Es la hora de añadir la harina, que previamente hemos mezclado con la levadura y la pizca de sal en un plato a parte. Con la ayuda de un tamiz o de un colador grueso, vamos añadiendo la harina en el bol, esta vez dando vueltas con una espátula de madera y con movimientos envolventes.

Vertemos la masa en el molde y le damos unos golpecitos contra la encimera para que salgan las burbujas de aire que se forman al echar la mezcla.

Metemos en el horno 35 minutos (el tiempo dependera del tipo de horno y del molde elegido. Mis moldes eran dos pequeños, con lo que en 32 minutos estaban hechos)



Cuando transcurra el tiempo, sacamos el molde y lo dejamos enfriar sobre una rejilla. Cuando el molde este frío al tacto, desmoldamos el bizcocho.

Podéis decorar el bizcocho como queráis, pero solo con azúcar glasé por encima esta delicioso.
¡Para la opción de la cobertura de chocolate siempre hay tiempo!



Dos pisos de jugoso bizcocho con menos grasa que con mantequilla. Recordad que el aceite es mas ligero y vegetal, y que las cantidades son equitativas, con lo que si os gusta el sabor, es una buena alternativa a las mantequillas y margarinas. El aceite de girasol también es una opción buena, aunque yo prefiero el de oliva.

Espero que os animéis a hacerlo, porque aquí no han quedado ni las migas.

Y de regalo, un extra:
El azúcar aromatizado casero se hace guardando en un bote 1 kg de azúcar refinado (el blanco) con una o dos vainas de vainilla cortadas a lo largo (con una punta de cuchillo se presiona todo lo largo de la vaina, sin necesidad de partirla en dos) y se deja reposar mínimo una semana para empezar a preciar el sabor. Recuerda agitar el bote de vez en cuando para que se reparta mejor el sabor y el aroma a vainilla. Conforme se va usando el azúcar se puede reponer y así explotar el aroma de la vainilla varias veces. En casa lo usamos hasta para el café y os aseguro que un té ramplón de media mañana se convierte en una fiesta con este azúcar.




1 comentario:

kareencountry dijo...

Pues delicioso se ve este biscocho!!! Espero que hayas tenido una linda celebración!!!!
Besitos